En Viernes Santo, un día sagrado para millones de cristianos, el presidente López Obrador le aplicó a Jesús de Nazareth el mismo tratamiento que ha dedicado a funcionarios, periodistas, universitarios, y todo aquél que no piensa como él. En su cuenta de Twitter afirmó, no sin desdén, con un “Dicen”, propio de intrigantes y maliciosos, que el Sermón de la Montaña no fue “ni siquiera sermón, que si acaso es la suma —inconexa y heterogénea de sentencias orales— expuestas a lo largo de la historia cívica y religiosa”. Me pregunto con qué autoridad descalifica una de las piezas más importantes del mensaje de Jesús, una figura histórica inalcanzable.

Ilustración: Víctor Solís

No sabemos si la intención del señor presidente era disminuir la figura de Jesús como si se tratara de un personaje menor a quien se le puede atribuir cualquier frase “cívica o religiosa”, o si simplemente, se erigió en experto en los Evangelios, conocedor de polémicas y debates. Lo que más le conviene es que pensemos que no sabe quiénes fueron Marcos, Lucas, Mateo y Juan, que no conoce ni de lejos el Sermón de las Bienaventuranzas, y que se limitó a repetir lo que otros le dijeron, porque si algo tiene ese sermón es consistencia y un propósito: el consuelo y la defensa de los pobres, de los débiles y de los que sufren. Creyentes y no creyentes se han nutrido de su mensaje.

Las afirmaciones del señor presidente fueron tan ofensivas como todas las que hace sin más sustento que su leal saber y entender, y como es bien sabido, eso nos falla a todos. A ver, a ver, si leemos las palabras que cita el señor presidente en el Evangelio de San Mateo, lo último que se nos viene a la cabeza es que son oraciones inconexas. Basta con compararlas con las que escuchamos todos los días en las opiniones, denuncias, acusaciones, amenazas que contienen las declaraciones presidenciales llamadas “mañaneras”, en las que el señor presidente ventila lo que rumia mientras duerme, o nada más dice lo que se le ocurre. Ésas sí que son “inconexas y heterogéneas”. No así las de Jesús de Nazareth. Los evangelios, señor presidente, no son un registro de ocurrencias anónimas, y francamente si cree que de profetas se trata, entre uno y otro, prefiero al de Nazareth.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora de El Colegio de México. Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es La restauración de la Iglesia católica en la transición mexicana.