¿Quién le tiene miedo a las oposiciones?

En México, durante décadas, la hostilidad del gobierno a las oposiciones verdaderas fue característica del régimen autoritario que pretendía apoyarse en la unanimidad del pueblo, al que se refería como un ente monolítico y monocolor que se identificaba plenamente con su presidente o con su partido. La ficción se vino abajo en la elección presidencial de 1988. En ella el PRI se aseguró el triunfo electoral, pero sufrió una derrota política decisiva. Ya no pudo detener la presión de los votantes para que se les reconociera en una legítima diversidad, que no se reduce al mundo binario de élites/pueblo como propone ahora el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Ilustración: Víctor Solís

En el México lopezobradorista el comportamiento de la Presidencia de la República, de la Fiscalía General, de la Unidad de Inteligencia Financiera y de la Secretaría de la Función Pública en relación con las oposiciones es alarmante. Cada una de estas instancias ha emprendido investigaciones en contra de algunos intelectuales y funcionarios del antiguo régimen de amplio impacto. Estas acciones revelan una actitud de rechazo a la participación de las oposiciones en la vida pública, como si no supieran que las oposiciones ayudan a gobernar. Sin ellas, el gobierno es una mesa de tres patas.

En lugar de dialogar con la oposición, el presidente ha elegido el camino de la denuncia de supuestas corruptelas y vicios personales, aquel que lleva a la constante descalificación, al desprestigio y al ridículo. Ha recurrido a métodos que habrían sido esperables en Gustavo Díaz Ordaz, pero que resultan inexplicables en un gobierno que se autoproclama de izquierda, muchos de cuyos integrantes y participantes ostentan una identidad política construida a partir de la crítica al autoritarismo diazordacista.

Y yo me pregunto: ¿qué piensan los morenistas de la generación del 68 de un presidente que acusa sin pruebas —abuso que Díaz Ordaz se guardó muy bien de cometer—, que las improvisa, que difunde calumnias, que le cobra a sus adversarios sus diferencias políticas como si fueran un crimen de lesa majestad?

La naturaleza de un régimen de gobierno también se define por el tratamiento a las oposiciones. En regímenes democráticos, la participación de las oposiciones es aceptada, sin discusión, y no se cuestionan sus motivos ni sus intenciones. Se entiende que su origen es el sufragio universal, el mismo que el de las mayorías, y que cumplen una función crucial de representación. En cambio, los regímenes autoritarios no toleran a las oposiciones, intentan inhibirlas, descartarlas. ¿En 2021 dónde quedamos nosotros?

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958 (en prensa).

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Publicado en: Rebaño de elefantes

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