Esa tierra ignota

Para el presidente López Obrador la política internacional y las relaciones internacionales de México son tierra ignota. Cada vez que incursiona en ese terreno, se tropieza. Bueno, así pasa con muchos provincianos, pero no con muchos presidentes que reconocen la importancia del mundo exterior para el desarrollo y la prosperidad nacionales o, simplemente, para la estabilidad de su gobierno.

La indiferencia presidencial a estos temas sólo la sacuden episodios en los que sin miramiento ninguno habla y se comporta como si estuviera en casa, haciendo caso omiso de las reglas de la diplomacia. Parecería que el presidente cree que puede ignorarlas o utilizarlas a su conveniencia, como lo hace acá con leyes y reglamentos, o que puede tratar a los extranjeros como nos trata a nosotros. El ejemplo más contundente de esta terquedad es la manera como ha anunciado los nombramientos de embajadores.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

Se equivocó cuando hizo pública la designación de Pedro Salmerón como embajador en Panamá, pero en lugar de disculparse por haber violado una convención diplomática elemental —darle al país anfitrión la oportunidad de sopesar la candidatura propuesta en función de sus intereses—, se lanzó contra la canciller panameña, la insultó y desencadenó el escándalo contra el que se estrelló su decisión inicial y la reputación pública de su candidato. El único responsable del colapso de la incipiente carrera diplomática de Salmerón —que pesará para siempre sobre su biografía— fue Andrés Manuel López Obrador. A ver si a Jesusa Rodríguez no le pasa lo mismo, porque pese a lo ocurrido con el historiador, con el nombramiento de la actriz el presidente otra vez violó la regla del placet. Nomás para que el mundo sepa quién manda.

Más recientemente, el presidente descalificó las observaciones del secretario de Estado estadunidense a propósito de la situación por la que atraviesa el periodismo en México, enarbolando el principio de no intervención. Pensó, acaso, que podía movilizar el sentimiento nacionalista para ganarse apoyo en la opinión pública. Hasta ahora su denuncia de “injerencismo” no ha tenido mucho eco internamente, tampoco ha aliviado los temores que él alimenta sobre el tema de los periodistas, porque apreciamos más el respeto a los profesionales de la comunicación que la ampliación de la libertad de acción presidencial.

El presidente López Obrador ignora que desde los años noventa del siglo pasado, en el derecho internacional se ha desarrollado un principio conocido como la responsabilidad de proteger, que derivó de los procesos de transición a la democracia, y que se refiere a la posibilidad de que actores internacionales —gobiernos extranjeros, partidos, iglesias, ONG— intervengan en defensa de personas o grupos que sufren el abuso de los poderosos. Es decir: el ejercicio de un poder dictatorial no es más un asunto exclusivo de soberanía nacional porque las víctimas pueden, de manera legítima, apelar a la protección del exterior.

Además, el presidente se equivoca soberanamente si lo que pretende es que en defensa de la patria todos los mexicanos, como uno solo o una sola, apoyemos sus insultos a Carmen Aristegui, a Carlos Loret de Mola y a todos aquéllos en los que ha desahogado su cólera. Ni Blinken ni Biden ni Putin ni Felipe rey de España harán de nosotros unos lopezobradoristas de calaña senatorial. La fidelidad a la patria no la entendemos como lambisconería de merengue.

La denuncia de injerencismo que hizo el presidente contra Blinken tampoco parece muy sincera porque, según la oposición peruana, en los asuntos de su país, López Obrador ha sido bastante “metiche”, término con el que él mismo se refirió a las acciones rusas en la frontera de Ucrania. La verdad es que hubiera sido mejor que se limitara a citar a Juárez y su “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Es más elegante.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958.

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Publicado en: Rebaño de elefantes

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