En La Gatomaquia (1634), Lope de Vega nos presenta a un personajazo que es un gato, Micifuz, “galán y bien hablado, de pelo rizo y garbo ensortijado”, un felino digno y elegante, que muy bien podía ser también el protagonista del poema de T. S. Eliot que inspiró el exitoso musical Cats (1939). Recordé ambas obras cuando leí la noticia de que los diputados de Morena, del PT y del Partido Verde habían votado la propuesta de reformas a las leyes secundarias en materia electoral que les envió su patrón, el señor presidente. No se tomaron el trabajo ni siquiera de hojearla, leerla, presentarla a la Cámara. Simplemente votaron como les dijeron que tenían que votar. Pensé en Micifuz porque hace años así se llamaba a quienes de manera incondicional se sometían a la voluntad del mandón.

Cuando revisé los textos clásicos antes citados, me di cuenta de que los gatos homenajeados por los poetas no tienen nada que ver con el servilismo, la hipocresía y el brutal egoísmo que en México les atribuimos a los mininos; porque entre nosotros, en el mundo de los humanos, un gato, además del mamífero cuadrúpedo que controla la población ratonil, es un sujeto que está atento a lo que le mande su patrón, su jefe, su líder, su amo, su guía y maestro. Salvo dos diputadas morenistas que pasarán a la historia porque votaron en contra de la propuesta, los demás, sin ningún decoro ni respeto a su encargo y con una obediencia ciega a lo que ordena “el de arriba” y una irresponsabilidad escandalosa echaron por la ventana su obligación elemental como legisladores de estudiar y reflexionar pausadamente antes de votar las reformas a las leyes secundarias en materia electoral que presentó el presidente López Obrador. Así, con los ojos cerrados y ávidos de complacer al patrón, los diputados de Morena le entregaron las instituciones electorales; y tal vez, el destino de la democracia en México. Está difícil que la historia los absuelva.
No logro entender el comportamiento de estos… —a falta de una denominación más precisa los llamaré— Micifuzes, porque han dado sólida evidencia de que no son legisladores ni representantes populares, son simples empleados del presidente de la República que merecen un sonoro ¡miau!
Soledad Loaeza
Profesora investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958.