Sabemos que la historia no se repite, pero los actores se someten a patrones de comportamiento que les impone el contexto. Las semejanzas entre la crisis checa que fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial y el conflicto actual entre Ucrania y Rusia, aparecieron desde que los presidentes Trump y Putin se sentaron a negociar el futuro de Ucrania sin Ucrania.
Rebaño de elefantes
Hazte el sordo
La verdad no es el fuerte del presidente. Quienes vimos la mañanera del 17 de agosto, presenciamos con horror un despliegue más de la incapacidad de López Obrador para sentir un mínimo de empatía con las familias víctimas de criminales que nos avergüenzan a todos. Dice que no oyó a los periodistas, que no entendió lo que gritaban, por lo tanto sostiene que no debe pedir perdón. ¿Y no cree usted, presidente, que ante los hechos tendría que pedir perdón por lo menos por la terquedad con que se ha aferrado a una política de seguridad fallida? En el peor de los casos podría pedir disculpas a las familias de los jóvenes asesinados por la frivolidad de su respuesta: tendría que disculparse si acaso sus palabras ofendieron o lastimaron los sentimientos de los familiares de las cinco víctimas.
Ya sin dones
No sólo los dones han desaparecido, sino que si jugamos “dígalo con mímica”, una de las preguntas imposibles de responder es: ¿cómo se llaman los miembros del gabinete de López Obrador? La única respuesta que se me ocurre es: AMLO 1, AMLO 2, AMLO 3, AMLO 4, AMLO 5, etcétera.
Veinte dedos
No olvidemos: el presidente tiene veinte dedos. Así nos lo recordó cuando prometió a los tres perdedores en la encuesta morenista una diputación, una senaduría y un puesto en el gabinete, sin tomar en consideración el hecho de que los cargos de los legisladores se ganan o se pierden, sin importar lo que diga el presidente. Hasta ahora ha comprometido cuatro deditos, pero, cuidado, le quedan dieciséis. La dirigencia morenista y sus legisladores tienen la mirada clavada en esos dieciséis deditos restantes.
La provocación permanente
Después de más de cuatro años de escuchar al presidente de la República insultar a sus críticos y adversarios debería estar acostumbrada a que el jefe del Ejecutivo se comporte de manera totalmente inapropiada para el cargo que ostenta.