Rebaño de elefantes

El demonio de la oposición

Muchos son los rasgos autoritarios de la cultura política presidencial, pero uno de los más notables es la creencia que sostiene Andrés Manuel López Obrador de que la oposición es la bastarda de la república, una fuerza ilegítima, que describe como un bloque monolítico en el que reúne a neoliberales y “conservadores”, para atribuirle todo lo malo que nos ocurre, hasta el aumento de la tasa de divorcios.


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“Como anillo al dedo”

Durante semanas el presidente López Obrador adoptó posturas en relación a la terrible pandemia que nos agobia que provocaron confusión y diferencias en la opinión pública. Primero, hizo como que no pasaba nada. Luego, nos pidió que nos quedáramos en casa, pero él hacía visitas de voluntario dominical a los viejitos. Ahora ya nos dijo la verdad: la “crisis le cae como anillo al dedo” y nos invita todos los días a rechazar las imágenes trágicas que nos llegan del exterior y que empiezan a presentarse en México.


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Muy machos

Periódicamente los hombres ocultan su profundo convencimiento de que son muy machos, y ya sabemos lo que eso significa: creen firme y profundamente en su incontestable superioridad de origen, fundan sus pretensiones de autoridad y de estatus en el azar de su concepción. Esperan, además, todo tipo de privilegios, tratamientos especiales, derechos sobre los derechos de las mujeres. No dudo que el dramatismo de las protestas de las mujeres del 8 y 9 de marzo le haya causado a muchos de ellos una gran incomodidad.


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El presidente reescribe la historia

Como ya es costumbre, el presidente se desdice, se contradice y en el peor de los casos, maldice en los soliloquios que pronuncia rayando el sol. En los últimos días ha repetido nuevamente aquello de que él no es como los de antes, (se entiende, como los presidentes de antes), pero en su empeño por diferenciarse se ha puesto a reescribir la historia, a su conveniencia. Me llama la atención que su relato sea tan parcial como para para no reconocer ni mencionar siquiera el proceso de democratización que tuvo lugar en el “antes” del que habla. 


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¿De vuelta a la normalidad autoritaria?

El presidente quiere ser tan poderoso como él cree que fueron sus antecesores priistas, y por eso quiere revertir todo cambio que les restó poder. Por ejemplo, a partir de los años ochenta la descentralización fue una política consistente con la definición constitucional del orden federal, que redujo el poder del presidente de la República, fortaleció a los gobernadores y se aplicó en áreas diversas de la administración. Ahora, en cambio, el objetivo es recrear ese poder presidencial, el poder absoluto que imaginó Daniel Cosío Villegas. El camino para lograrlo es la centralización, o sería más correcto hablar de recentralización, en marcha en muchas áreas del gobierno.