El demonio de la oposición

Muchos son los rasgos autoritarios de la cultura política presidencial, pero uno de los más notables es la creencia que sostiene Andrés Manuel López Obrador de que la oposición es la bastarda de la república, una fuerza ilegítima, que describe como un bloque monolítico en el que reúne a neoliberales y “conservadores”, para atribuirle todo lo malo que nos ocurre, hasta el aumento de la tasa de divorcios.

El presidente describe a sus opositores como demonios transgresores de una ética en la que la diferencia política no es simplemente una idea distinta de las suyas, ni siquiera un error o un lamentable desvío, sino que es un crimen que debe ser castigado, al menos con el escarnio público.

Ilustración: Ricardo Figueroa

Desde esta perspectiva la actual política presidencial pretende obligarnos a dar vuelta en “U” para volver al punto de partida de la democratización, que fue el reconocimiento de la legitimidad de la oposición, y  eliminarlo. El presidente predica la política como si fuera un enfrentamiento de orden bíblico entre el bien y el mal, como la lucha a muerte entre la virtud y el vicio, en la que la silla presidencial se convierte en la espada flamígera con la que Andrés Manuel puede fulminar a quienes lo critican o a quienes no piensan como él. En su universo político la oposición es un enemigo, no un adversario, un delincuente al que hay que castigar. La señora secretaria de Estado que se refirió a la desaparición del FONCA como un acto de justicia contra los “salinistas” se limitó a traducir en un mal chiste la intención profunda de una decisión que a Carlos Salinas ni le da ni le quita, pero que afectará a muchos que serán víctimas de una vendetta personal de la que no son parte y ni siquiera comprenden del todo. No obstante, haber pertenecido a un programa que se creó en el sexenio 1988-1994 para promover talentos artísticos es para los lopezobradoristas estar manchado, haberse dejado ensuciar por el Maligno. Razón suficiente para condenarlos a la ignominia y la miseria. Mejor no lo hubiera podido pensar el camarada Stalin.

No obstante, no todo es negativo en la oposición y la crítica. El presidente también ha sabido beneficiarse de ellas, pues la oposición ficticia que ha creado le ha servido para complementar su liderazgo: al presentar a la oposición como un bloque monolítico y extremista, el presidente realza la valentía de sus decisiones, los riesgos que según él se ciernen sobre su proyecto de la 4T y la calidad martirológica de su liderazgo que —a sus ojos—en cualquier momento puede ser víctima del conservadurismo enemigo que lo acecha como un animal venenoso y traidor. Además, como ha ocurrido repetidamente en la historia de los autoritarismos y de los totalitarismos, la crítica y la supuesta existencia de una conspiración sirve para mantener la efervescencia de los lopezobradoristas, o para justificar medidas antidemocráticas que hubiera sido difícil imponer en condiciones normales.

La hostilidad a las oposiciones y a la crítica está en el corazón del lopezobradorismo, como lo estuvo en el régimen dominado por el PRI. En cierta forma es parte de su identidad. Lo sorprendente es el contraste entre el tratamiento que el presidente dispensa al narcotráfico y el que dedica a críticos y opositores, sobre todo en la prensa diaria. Ofende rutinariamente a reporteros y editorialistas, a muchos de ellos los ha señalado como corruptos, sin más prueba que su dicho. El presidente insiste machaconamente en hacer de los gobiernos anteriores criminales peores que los narcotraficantes, a quienes les ofrece abrazos y les pide en “buena onda” que ya no maten a tanta gente. Es posible que la diferencia de trato se explique con el argumento de que los peores delincuentes —a ojos del lopezobradorismo— sean quienes pretenden frenar a la 4T. Si es así, el presidente se equivoca porque su peor enemigo es justamente el crimen organizado que ha quebrantado la legitimidad del Estado y que carcome la autoridad presidencial.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es La restauración de la Iglesia católica en la transición mexicana.

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Publicado en: Rebaño de elefantes

3 comentarios en “El demonio de la oposición

  1. Un excelente articulo que desenmascara los prejuicios y creencias de quien se cree o lo creen un ser de otra galaxia. Bien.

  2. Desde mi perspectiva, hoy somos el resultado de la toma de decisiones de los gobiernos pasados, polarizar a la sociedad no beneficia a nadie.

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