Marx y el Bolshoi

Las declaraciones de Marx Arriaga a propósito del placer de la lectura dieron una nueva luz sobre la recurrente afirmación de la Cuarta Transformación de que “los de ahora” no son como “los de antes”. Efectivamente, el señor Arriaga nada tiene que ver con Martín Luis Guzmán o con Jaime Torres Bodet, quienes fueron responsables de la elaboración de la primera versión de los libros de texto gratuitos. (Lo llamo señor Arriaga por respeto a la Universidad Complutense de Madrid que, dicen, le dio un doctorado en Filología. Me pregunto cómo puede ser eso: ¿un doctorado a alguien que desprecia la lectura si no está dirigida a hacer la revolución? Seguro —como suele ocurrir— se les coló, como se coló al medio académico y a la SEP.) Ya no nos preguntemos acerca de su relación con José Vasconcelos que, como secretario de Educación Pública, sentó los fundamentos de la que fue una política distintiva de la Revolución: hacer llegar a todos los mexicanos textos clásicos como la Ilíada y la Odisea, para alimentar su espíritu. Así se inauguró una tradición generosa y “aspiracionista” que partía de la convicción de que la lectura era una forma de liberación del individuo. Esta política provocó las burlas de los antirrevolucionarios que consideraban que la lectura de los clásicos no era para “el pueblo”.

Ilustración: Belén García Monroy

Tal vez eso cree el señor Arriaga. Cuando habló a propósito de la lectura para la revolución, pudimos percibir la confusión en la que vive; la indigestión de ideas que lo aqueja como si trajera el segundo día de la creación en la cabeza, cuando todavía no habían sido separados los elementos: tierra, agua y fuego. La prueba es que el señor Arriaga cree que estamos en un régimen socialista y tan legítimamente autoritario que pudo despedir al director de la Biblioteca Vasconcelos, Daniel Goldin, con la majadería del débil súbitamente omnipotente.

El señor Arriaga no distingue entre el compromiso político en un país libre —como del que tanto se enorgullece el señor presidente— y el placer intelectual que para él es puro “consumismo capitalista”. Olvida muchas cosas de la experiencia del mundo en el siglo XX, entre otras, el costo de la colectivización de las conciencias.

¿Sabrá que en la patria del socialismo los soviéticos leían con pasión a Chéjov, Tolstói y Dostoievski, entre otros clásicos? ¿De verdad cree que leían al Che Guevara? ¿Sabe que gracias al Estado soviético florecieron el ballet Bolshoi y el Kirov, así como múltiples orquestas sinfónicas, o habrá escuchado algo acerca de la admiración de Stalin por las composiciones del músico Shostakóvich? Parecería que estos “vicios capitalistas” se le escapan. No dudo en afirmar que mucho perderían los niños y los adolescentes mexicanos si en lugar de leer a Manuel Gutiérrez Nájera, Agustín Yáñez o Rosario Castellanos, leyeran a Marta Harnecker, que parece haber sido la María Montessori del señor Arriaga.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958 (en prensa).

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Publicado en: Rebaño de elefantes

Un comentario en “Marx y el Bolshoi

  1. Marx el pequeño me resulta extraño, inverosimil por el papel que parece jugar en la 4 Transformación, por lo mismo el asunto es serio. Estabamos mal en cuanto a la educación pública pero no a ese grado, y lo mismo puede decirse lo que parece ser una consigna: «una mentira repetida mil veces llega a ser verdad». La frase la ha pronunciado el Presidente para descalificar a sus críticos. Algo huele mal en Dinamarca. Las dádivas a los que menos tienen va de la mano de esta concepción educativa. «La dádiva es contraria a la ley del Universo, el crecimiento es de adentro hacia fuera». Emerson.

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