Twitter y el incendio del Reichstag

En la madrugada del 28 de febrero de 1933, un feroz incendio consumió el grandioso edificio del Parlamento, el Reichstag, en Berlín. Sin pensarlo demasiado, el Partido Nacionalsocialista y su líder, Adolfo Hitler, culparon del atentado a un obrero holandés, en paro, que caminaba por esos rumbos a esas horas. La acusación presentaba a los comunistas como verdugos de la democracia y confirmaba los más negros prejuicios que los rodeaban. Al mismo tiempo, los nacionalsocialistas aparecían en el escenario público en calidad de víctimas y, por consiguiente, la responsabilidad de Marinus van der Lubbe quedó firmemente establecida cuando se supo que era comunista. Ningún otro elemento fue necesario para condenarlo y, con él, acusar a todo un partido político, a una corriente de pensamiento, y a la Unión Soviética de conspirar contra el bienestar de la nación alemana.

Ilustración: Raquel Moreno

En las elecciones del otoño de 1932, el nacionalsocialismo había obtenido resultados mediocres, pero el incendio del Reichstag cambió su previsible destino. La opinión pública dio un vuelco y reaccionó indignada al supuesto ataque de los comunistas contra la democracia alemana, cuyo principal símbolo era el edificio que albergaba al Parlamento. Una ola de rabia anticomunista se convirtió en un amplio apoyo al nacionalsocialismo.

Hasta la fecha no ha quedado esclarecido el origen del incendio, pudo haber sido un corto circuito. De hecho, la culpa del obrero holandés fue más un fenómeno de opinión que el resultado de una investigación serena y desprejuiciada. De lo que no hay duda es que el incendio del Reichstag fue hábilmente explotado por el aparato de propaganda nacionalsocialista que supo beneficiarse de las rupturas que envenenaban el contexto europeo para exacerbar la hostilidad de la población hacia los comunistas. En esta atmósfera se facilitaba la imposición de controles a los derechos ciudadanos.

La esposa del presidente López Obrador sufrió en días recientes una violentísima e injustificada agresión en Twitter. Seguramente no es la primera en ese pozo de majaderías en que se ha convertido un medio que debía ser útil en lugar de infecto; por esa misma razón fue una sorpresa que el presidente dedicara tiempo y espacio en una de sus conferencias matutinas a difundir ese mensaje.

Una primera interpretación de esta acción presidencial es que lo ha hecho para despertar la solidaridad y la simpatía de la opinión pública, a la que trata como lo haría con un testigo que será luego un juez. Cuando señaló, sin tener certeza alguna, que el responsable de esa bajeza era uno de los 31 científicos del foro que han sido acusados por la Fiscalía General de la República de delincuencia organizada, dejó ver que su objetivo iba más allá, que buscaba mover a la opinión no sólo en apoyo de su esposa, sino en contra de los científicos.

La acusación fue prontamente deshechada porque lo que sí se comprobó fue que no existe el firmante del ofensivo mensaje. Habría entonces que preguntarse si acaso el presidente no está justificando de antemano castigos ejemplares para estos colegas, cuya culpabilidad no ha sido de ninguna manera probada, porque por muy fifís que sean a ojos del presidente, ninguna ley en México establece como delito la pertenencia a una determinada clase social. Habría que preguntarse si el presidente no está utilizando el incidente en Twitter para cerrar el puño con el que ha encarado una y otra vez a las oposiciones. Habría que hacerse la pregunta de por qué el presidente decidió agigantar la retahíla de insultos a su esposa, la cual hubiera sido mejor dejar morir en los lodos de Twitter, para convertirla en un agravio de proporciones nacionales. Habría que preguntarse todo eso y más, sin perder de vista que el presidente, como político avezado que es, sabe reconocer la oportunidad cuando la pintan calva.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958 (en prensa).

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Publicado en: Rebaño de elefantes

3 comentarios en “Twitter y el incendio del Reichstag

  1. El Presidente parece dar palos de ciego o manotadas de ahogado, semejante gesto para cualquiera resulta incomprensible, pero puede ser producto de la ira, de su impotencia, no da para más.

    1. La verdad no la sabemos, quizás sea lo que digas, quizás sea lo que dice Soledad, es un político que donde tira la bala acierta. Lastima que ese don lo tiene si es así solo en lo político, como gobernante no esta dando los resultados a la altura ni de cuarta transformación ni de ninguna. En eso su puntería es tan mala que casi siempre se pega en las patas.

  2. Es el primer demagogo en nuestra corta historia en democracia; un desesperado va a todas: cree en los milagros, en el agua de tlacote o como se llame, hay desesperación en los que menos tienen, en los adultos mayores que venden su voto por una bagatela: $40.00 diarios.

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