¿Una nueva Vox para el PAN?

Julen Rementería, el líder de la bancada panista en el Senado tiene que ser un infiltrado del lopezobradorismo en las filas del partido que podía haber sido una alternativa para el electorado de oposición. De otra manera resulta inexplicable que los senadores de Acción Nacional hayan cometido el pecado capital de asociarse con un partido ultraconservador de un país —España—, donde la posición en el extremo derecho del espectro ideológico tiene un significado puntual y preciso: adhesión a una dictadura militar y católica. ¿A quién más podía beneficiar que los mismos legisladores confirmaran los peores prejuicios respecto a su relación con el franquismo y, en general, con la extrema derecha, que lo han perseguido desde su fundación? Nada más una imagen —Santiago Abascal, líder de Vox, el joven partido español de ultraderecha, en el centro de un grupo de panistas que sonríen felices— echó por tierra décadas de trabajo del partido, de discusiones, reflexiones, acomodos y negociaciones, cuyo objetivo era consolidar la identidad del PAN como un partido demócrata, comprometido con la civilidad, la secularización de la política y la defensa del pluralismo.

Ilustración: Víctor Solís

Mucho costó a los panistas desmantelar la imagen acartonada del partido que durante años difundieron sus principales adversarios, Vicente Lombardo Toledano y el PRI, que lo acusaban de ser el partido de Maximiliano y de Washington, del Vaticano y del dinero, o simplemente de ser un partido fascista. Esta imagen respondía más a las necesidades del PRI de proyectarse por contraste como un partido moderno, liberal y nacionalista, que a las verdaderas características de Partido Acción Nacional. Sin embargo, hasta el 2000, el PAN fue un partido conservador, que se apoyaba en los valores y los principios de la democracia cristiana, pero nadie podía acusarlo de mezclarse con organizaciones radicales y declaradamente antidemocráticas, como lo es Vox, su nuevo socio.

El PAN siempre había sido una organización heterogénea que acogía a los críticos conservadores de la Revolución, pero éstos eran diversos. El partido estaba poblado por defensores de los derechos de la Iglesia, por los críticos del estatismo que no eran necesariamente católicos y tampoco compartían las inclinaciones autoritarias de otros que no creían en la democracia. Los defensores del sufragio y de procesos electorales equitativos levantaron la bandera del PAN en los años ochenta, y la contribución del partido a la transición mexicana fue reconocida. Pues ahora, esa aportación ya se habrá olvidado gracias a la decisión de un legislador del que no sabemos si trajo a Abascal al Congreso por ignorancia o por convicción.

En México nada ahuyenta el voto por Acción Nacional de manera más eficaz que la asociación del partido con la derecha, porque entre nosotros la noción de “la derecha” tiene connotaciones morales muy poderosas pese a que nos refieren a experiencias que nos son ajenas; por ejemplo: hasta ahora nunca hemos tenido un partido de derecha radical. El sinarquismo nunca superó las implicaciones de su tradicionalismo, y Acción Nacional mantuvo siempre posiciones moderadas. No sólo eso, los presidentes panistas —Vicente Fox y Felipe Calderón— ejercieron el poder con respeto al marco constitucional y al sistema político establecido. No buscaron un poder dictatorial y tampoco se asociaron con el Ejército o con la Iglesia para destruir el orden democrático. No obstante, ahora va a costar mucho trabajo reconstruir la imagen del PAN como un partido demócrata.

El presidente del partido está de vacaciones, pero tendría que reaccionar ante un incidente que puede tener graves consecuencias para la estabilidad del PAN. La experiencia alemana en este respecto es aleccionadora. Ante la inminencia del fin de su mandato, la antigua canciller Angela Merkel había designado sucesora a la líder de su partido, Annegret Kramp-Karrenbauer, quien en medio de la euforia y de la ansiedad que le provocaba su futuro inmediato cometió un imperdonable error de juicio: formó una alianza electoral con el partido de extrema derechaAlternative für Deutschland (AfD) para las elecciones en Turingia.

La canciller no se tentó el corazón para destituir a quien había sido su discípula y seguidora más cercana. Annegret fue obligada a renunciar porque Merkel no estaba dispuesta a que los votantes asociaran a la CDU con la AfD, y así abrir el camino a la destrucción de su obra: un partido demócrata cristiano moderno, abierto a flujos migratorios, enemigo de la discriminación racial y de los autoritarismos.

Todo partido político tiene grupos extremistas, pero permanecen lejos de la corriente diaria del proceso político. Ahora que el centro político se ha colapsado en casi todo el mundo, los grupos minoritarios han pasado a ser protagonistas centrales, usurpando la legitimidad democrática que le corresponde a la mayoría.

En los últimos veinte años, Acción Nacional experimentó una transformación profunda, inducida por cambios en su entorno. Sabemos que ha dejado de ser el partido de la fidelidad democrática, pero todavía no sabemos si el PAN ha adquirido una nueva Vox.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958 (en prensa).

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Publicado en: Rebaño de elefantes

Un comentario en “¿Una nueva Vox para el PAN?

  1. Pues justamente la gente está harta de partidos de mojigatos hipócritas que no hacen nada y no defienden un orden clásico de vida. El PP en España no derogó las normas del aborto ni del matrimonio entre personas del mismo sexo, tampoco VOX lo hará. El problema del PAN fue jugarle a ser un centro indeterminado y la gente exige resolución. Ojalá surga un partido de ultraderecha o el PAN deje el liberalismo.

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