¿Una gran fabricación?

El presidente López Obrador se ha comprometido con la difusión de un documento que fue presentado como “Carta del presidente López Mateos al pueblo de México”, cuya autenticidad no se ha demostrado. El texto es una defensa de la propiedad estatal de la industria eléctrica y una denuncia, con sesenta años de anticipación, contra futuros gobernantes a los que llama “traidores a la patria”, que querrían entregar a inversionistas extranjeros los recursos energéticos de los mexicanos. En el papel de un Nostradamus del Estado de México, nos dicen que este presidente de antemano “dispensa” a los mexicanos del siglo XXI “de toda obediencia a futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la nación”. Así, apoyado en una marometa histórica más que improbable, el presidente López Mateos habría adelantado más de medio siglo las denuncias del presidente López Obrador para llamar a los mexicanos del futuro a rebelarse contra un gobierno que adoptara políticas que consideraba antinacionales. Dios mío, qué largo era el catalejo del señor presidente López Mateos, y qué previsor era que hasta ofrecía una solución a problemas que —según su capacidad de adivinación— habrían de presentarse en un tiempo lejanísimo. Es curioso que no haya previsto las movilizaciones de protesta que se iniciaron con su gobierno en 1958 y desembocaron en el movimiento estudiantil de 1968.

Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

Muchas son las pistas que me hacen dudar que López Mateos sea el autor de esta “carta”. Primeramente, no hablaba así. El lenguaje y el tono de la declaración que se le atribuyen son muy ajenos al discurso político de la época y al estilo melifluo de un presidente que era conocido por su gran cortesía y por el cuidado de su trato a los demás. Adolfo López Mateos fue un presidente priista, bastante convencional. Es impensable que llamara a los mexicanos a la rebelión contra el gobierno. Estaba convencido de que su tarea más importante era mantener la estabilidad del país; por consiguiente, buscaba reconciliar intereses encontrados, no exacerbarlos. Al igual que sus antecesores, temía que se produjera una desestabilización política y que se vinieran abajo los equilibrios políticos entre el Estado, el PRI, la élite política, los sindicatos, las organizaciones agrarias que había costado mucho trabajo construir; le preocupaba que una crisis política severa invitara a la intervención extranjera. Guiado por el deseo de evitar el conflicto, cuando de todas formas surgía una discrepancia o una fractura en la opinión —por ejemplo, con los empresarios—, estaba abierto a la negociación, como lo hizo con los organizadores de la ofensiva contra el libro de texto gratuito. Aunque también podía ser un político duro y autoritario que, si lo consideraba necesario, recurría a la represión. Así lo hizo cuando como secretario del Trabajo de Adolfo Ruiz Cortines tuvo que lidiar con la insurgencia sindical de los ferrocarrileros o con la exasperación del líder agrario Rubén Jaramillo, quien murió, junto con su familia, acribillado por un destacamento militar en mayo de 1962. Durante su gobierno se manifestaron varias corrientes opositoras: los comunistas, los henriquistas, el Movimiento de Liberación Nacional, los católicos que veían en el gobierno un agente de Moscú, pero el presidente López Mateos nunca se refirió a ellos como “malos mexicanos” o “traidores a la patria”.

Más todavía: el contexto regional en el que se desarrolló el gobierno de López Mateos no daba lugar a pronunciamientos antiimperialistas como los que cita la “Carta del presidente López Mateos al pueblo de México”. Los revolucionarios cubanos habían triunfado en enero de 1959 y en un año habían logrado despertar las más oscuras inquietudes del presidente Eisenhower, en relación con lo que los servicios de inteligencia de Estados Unidos creían que era una amplia ofensiva soviética en América Latina. En esas circunstancias, lo último que quería López Mateos era encender focos rojos que confirmaran los miedos de Washington. El presidente mexicano no querría enrarecer el ambiente de la reunión que tendría con su contraparte estadunidense tres semanas después de la mexicanización, como se llamó a la compra por el gobierno de las acciones de la Compañía de Luz y Fuerza, para no hablar de expropiación ni alarmar a nadie. Además, la intervención del Estado en esta industria no fue la decisión programada de un presidente radical, sino que fue producto de la necesidad porque la empresa de marras estaba en quiebra— como resultado del control de tarifas a que estaba sujeta— y que, según los propietarios, era la causa fundamental de que no hubiera inversión y tampoco expansión de la industria.

El tema político de la mexicanización de la industria eléctrica que planteó el presidente López Mateos era de orden sindical más que nacionalista. La frase del discurso que pronunció en el Zócalo el 27 de septiembre que destacó la prensa de la época fue: “Ni Merinos, ni ladrones”, y se volvió una especie de refrán de identificación del lopezmateísmo. La referencia era a Jaime Merino, quien después de la expropiación petrolera, desde Poza Rica, se había enriquecido escandalosamente a costa de Pemex. El presidente quiso enfatizar que la empresa eléctrica en manos del Estado no repetiría esa historia, su propósito era limpiar las organizaciones de los trabajadores que eran presa de líderes corruptos y gansgterizados. De ahí que en el discurso insistiera en que la empresa sería manejada limpiamente y en beneficio del pueblo.

López Mateos no dividía a los mexicanos entre malos y buenos ni en entre patriotas y traidores a la patria. Para él la unidad nacional era mucho más importante que cualquier diferencia de opinión, porque estaba convencido de que el conflicto interno era muy costoso para el país y para un presidente. Entonces es difícil creer que escribiera un texto cuyo objetivo es con toda claridad realzar una fractura real o ficticia entre los mexicanos: los nacionalistas y los extranjerizados. En cambio, en el texto resuenan los ecos de una operación de propaganda que pretende sembrar la discordia entre los mexicanos. Las consecuencias de una política rupturista serán destructivas de la convivencia política en México.

Es muy inquietante la campaña de Morena contra sus colegisladores de oposición, porque revela el carácter violentamente autoritario de su proyecto político. En lugar de buscar algún tipo de acuerdo que implique el respeto a sus posiciones, se proponen criminalizar a sus compañeros de legislatura y perseguirlos seguramente con algo más que volantes. En el México lopezobradorista sólo hay un paso entre la denuncia penal de Morena contra las oposiciones y la cárcel.

Creo yo que la “Carta del presidente López Mateos al pueblo de México” es una fabricación burda y sería pueril si fuera inofensiva, pero no lo es. Es una operación de propaganda que puede tener graves consecuencias. El presidente la ha sumado al repertorio de acusaciones que él y Morena han acumulado contra las oposiciones, pero ésta con la fuerza de una voz de ultratumba que atemoriza desde el más allá. El trasfondo de la supuesta carta es también una advertencia: “Si votas contra mis propuestas —cualquiera de ellas— serás conocido como un traidor a la patria. Ya lo dijo López Mateos desde antes de que nacieras. Así que, cuidado. A ver cómo te comportas en la votación sobre la reforma electoral y sobre el estatus de la Guardia Nacional”.

Si el documento que se ha atribuido a López Mateos es un fraude, quien quiera que lo haya diseñado ha incurrido en un acto de profunda inmoralidad porque de entrada la intención es engañar a un auditorio que de buena fe cree en el presidente. La “Carta del presidente López Mateos al pueblo de México” me lleva a dos conclusiones: primero, si para allegarse apoyo el presidente necesita hasta a los muertos, quiere decir que con los vivos no le alcanza; segundo, si los lopezobradoristas son capaces de falsificar la obra de López Mateos, entonces son capaces de falsificar todo.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958.

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Publicado en: Rebaño de elefantes

3 comentarios en “¿Una gran fabricación?

  1. Grandioso texto que no solo evidencia la incorrecta lectura de la historia por parte de la actual administración, sino que señala la fabricación de la misma. Solo puedo pensar en las falsas reliquias arias del régimen nazi, so pena de ser acusado de falacia ad hitlerum, creo que ese es el nivel de gravedad de esta mentira.

  2. NO debemos tomar a la ligera la radicalización de amlo a partir de sus continuados fracasos. Amenazar con cárcel a los 223 diputados que votaron en contra de su contrareforma eléctrica es un exceso y una señal que no debemos de pasar como otro más de sus exabruptos. No se requiere mucha imaginación para encontrar claras muestras de que está aflorando, cada vez de manera más evidente, el dictador que habita en él. Su ofrecimiento de retirarse a su rancho en 2024 no es creíble, como no se le puede creer nada ya. Más vale estar atentos y dispuestos a defender la democracia de manera abierta.

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