Der Teppichfresser

Crédito: Jonathan Rosas

Teppichfresser o “el que muerde tapetes” le decía su círculo cercano a Adolf Hitler cuando lo asaltaba el ataque de nervios que le provocaba quien lo contradijera. El canciller alemán actuaba como poseído, se tiraba al piso, congestionado, con los ojos desorbitados, la sangre le subía a la cabeza, echaba espuma por la boca y como que se asfixiaba.

Cuenta Allan Bullock, el mejor biógrafo del Führer, que Hitler perdió el control ante el primer ministro británico, Neville Chamberlain, con quien debía discutir el destino de Checoslovaquia cuando éste le dijo que no estaban de acuerdo con los términos que le atribuía a ese país en el nuevo Reich alemán. Le reprochó enfurecido que no respetaran a Alemania, lo amenazó con una guerra. No se sabe qué fue más aterrador, si la amenaza de la guerra o la furia de su anfitrión que lo dejó temblando. El encuentro Chamberlain-Hitler fue a puerta cerrada y sólo se oían los gritos desaforados del canciller. Chamberlain se retiró temblando. Se dio cuenta de que la guerra era inevitable y que tampoco se podría evitar la desaparición de Checoslovaquia.

En todo caso, el espectáculo que dio el dictador esa tarde mostró que la intuición no le fallaba y fue una muestra de que en las relaciones internacionales el miedo puede ser más efectivo que un misil. En cambio, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, dio una lección de dignidad que no le hubiera caído mal a Chamberlain.

Sabemos que la historia no se repite, pero los actores se someten a patrones de comportamiento que les impone el contexto. Las semejanzas entre la crisis checa que fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial y el conflicto actual entre Ucrania y Rusia, aparecieron desde que los presidentes Trump y Putin se sentaron a negociar el futuro de Ucrania sin Ucrania.

Pero cuando vi en la televisión la escena en la Casa Blanca que protagonizaron el presidente Trump, el vicepresidente Vance y el presidente Zelensky, en la que se le echaron encima los estadunidenses como perros de pelea, me pareció que asistía a una repetición de lo ocurrido en Berchtesgaden en 1938.

Se me hizo un nudo el estómago.

Me dio tanto miedo que no pude seguir viendo la transmisión.

Soledad Loaeza
Profesora investigadora emérita de El Colegio de México. Investigadora emérita del SNI. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. es autora de A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958, entre otros libros.

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Publicado en: Rebaño de elefantes

Un comentario en “Der Teppichfresser

  1. Pero el último encuentro no fue a puerta cerrada, sino que se ventiló ante las camaras de televisión, y eso hace una gran diferencia: Trump no quiere la guerra, le interesan los negocios, sus negocios, ese es el lenguaje que emplea: ve dinero por todas partes, tiene intereses en los Balcanes. El guerrero y el comerciante. eso no se había visto. Europa es otra cosa.

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